¡¡¡Qué le corten la cabeza!!!

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La mujer (Herodías) estaba segura de que sus problemas terminarían cuando Juan hubiera sido asesinado, armó todo un espectáculo, un montaje, con su hija como la bailarina estelar, para lograr su venganza tuvo que acudir al poder embrutecedor del vino, a los bailes, a una gran fiesta de celebración que acabaría con el asesinato de un profeta, no parece tener conexión una cosa con la otra, ¿cómo una fiesta podría terminar con la muerte de alguien? una fiesta es para celebrar, para dar regalos, incluso entregar la mitad del reino a alguien como obsequio por la alegría de una fiesta de cumpleaños.

Juan hablaba acerca del bautismo para perdón de pecados, el arrepentimiento significa: un cambio de mente, un cambio de pensamientos: significa tener los pensamientos de Dios, llamarle malo a lo que Dios llama malo, y bueno a lo que Dios llama bueno. La promesa de Dios fue clara: los caminos torcidos serian enderezados, ¿Cómo un mensaje tan positivo podría causar en una mujer un deseo tan grande de venganza? Tal vez este mensaje no le afectó tanto a la mujer, pero cuando la atención de Juan se centró en juzgar la vida que ella llevaba entonces se tornó en algo personal. ¿Quién es Juan para decirme lo que está bien y lo que está mal?, La religión está bien ahí, en el templo, en el monasterio, en la sinagoga, pero cuando atraviesa y llega a la vida práctica, cuando la palabra de Dios se mete en mi vida personal, ahí deja de ser adecuada para mí y se vuelve hasta incomoda, por tanto es mejor ¡qué le corten la cabeza!, tal vez con eso mi vida no se vea tan mal, tal vez de esa manera todos olviden que ahora vivo con un hombre que no es mi esposo (pensó Herodías), y acto siguiente le pidió a su hija pedir a Herodes la cabeza del profeta.

¿Qué es lo que movió al profeta a reprender a la gente?, ¿fue un profundo juicio que Dios quería traer sobre la nación de Israel, o fue un profundo amor que Dios quería traer sobre la nación de Israel?. Habría que definir primeramente lo que la palabra Amor significa: desde el punto de vista celestial, claro está; ya que el amor para el ser humano es una cosa y para Dios es otra cosa totalmente diferente: el amor para el hombre es pasión por algo o por alguien por encima de cualquier regla, por encima de la voluntad, el amor para el ser humano se parece más a un sentimiento animal, carnal y muchas veces relacionado con sentimientos y sensaciones. Pero Dios reveló un amor superior, supremo e interminable, por esto en la Biblia la palabra “AMOR” es diferente cuando se habla del amor de Dios y cuando se habla del amor del hombre. El amor del hombre se basa en sentimientos, los cuales van cambiando con el tiempo, el amor humano va cambiando según las circunstancias, va cambiando según la época del año, va cambiando conforme va cambiando el ser humano de edad, y cuando las razones para amar se terminan, se termina el amor. Pero el amor divino siempre es y será el mismo, nunca cambia, permanece para siempre, y fue mostrado por Jesús en la cruz del calvario, entregar la vida por amor es la muestra más grande de amor en toda la historia de la humanidad; el amor de Dios es un amor supremo que no depende de las circunstancias y que además está completo, como seres humanos NO podemos hacer nada para que Dios nos ame ni más ni menos.

El profeta estaba cumpliendo una ley suprema de amor, al decirle a la nación de Israel y a todo el mundo (incluida la mujer de Herodes) que debían arrepentirse de la manera en que vivían; sin considerar a Dios y ofendiéndolo en su manera de vivir, viviendo para satisfacerse a ellos mismos, en el sentido divino: Juan los estaba amando al reprenderlos como está escrito: mejor es la reprensión manifiesta que el amor oculto. Porque toda la ley se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, y entonces surge la pregunta: ¿qué es realmente amar a mi prójimo?, ¿será el amor permitir las ofensas en contra de Dios y de otros hombres?, ¿será el amor actuar como si nada cuando veo a mi hermano ofender a Dios?, Juan no lo hizo así, él reprendió el error del gobernador (Herodes) aunque le costó la libertad, después de mostrarle su pecado, terminó en la cárcel, anunciar el arrepentimiento y el bautismo para el perdón de los pecados; le costó la vida. Nuestro anhelo por llevar a la gente que no conoce del verdadero amor de Dios debe ser tal, que estemos dispuestos a morir por ese gran anhelo, que haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús el cual no estimó el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó de todo para llevarnos a su reino. Eso es amar de verdad, repito en voz baja, y las heridas de Jesús llegan a mi mente y mi vida no puede ser la misma después de considerar, entender y sufrir las heridas de Cristo en mí.

Ahora puedo repetir la frase: ¡Qué le corten la cabeza! En mi mente y sonreír al saber que hubo hombres dispuestos a morir por lo que creían, dispuestos a entregar su vida por la convicción que había en su corazón, hubo algunos que estuvieron dispuestos a entregar su propia vida, su felicidad, sus logros, su satisfacción, su carrera, su riqueza, su propia voluntad por preparar el camino para el propósito eterno de la redención del hombre, y si algún día Dios me encuentra digno de sufrir por La Verdad y por su amor, levantaré la mirada al cielo y repetiré: Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre a la diestra de Dios, en su gloria, gobernando al universo, y yo siervo suyo por la eternidad.

¡¡¡Qué le corten la cabeza!!!