Héroes o Anti-Héroes.

Mientras toda la literatura universal (y ahora el cine) tiene como Héroes a conquistadores de naciones, con una fuerza sospechosamente ilimitada, guapos, altos, fuertes y de buen parecer, (en contraste) la literatura bíblica está llena de Anti-Héroes; personajes que no tenían ninguna capacidad espectacular, que no tenían algo especial, débiles, imperfectos y sospechosamente reales, con una sola cosa en común: haber sido escogidos por Dios para cumplir sus propósitos eternos.

Recordemos la historia de Saul; un rey solicitado por el pueblo de la nación de Israel, sintieron que era el indicado al considerar lo exterior, que era alto, guapo, grande, etc. Pero no debemos olvidar que Dios no se deja sorprender por lo exterior, necesariamente Dios observa el interior del hombre, su mente, y las intenciones de su corazón, y la prueba de fuego (la obediencia) mostró de qué estaba hecho Saúl, no tardó mucho en ser desechado por Dios ya que por más grande y capaz (exteriormente) su corazón no se alineaba al corazón de Dios. La historia de Saul acabó en tragedia, después de que consultó adivinos terminó su reinado en la locura. En contraste el Rey David fue descubierto por el profeta Samuel en una búsqueda complicada, ya que ni siquiera su propia familia pensaba que él podía llegar a ser el rey de una nación tan grande, ¿cómo es que un pequeño niño podría ser elegido por Dios? Pero no debemos olvidar que Dios examina el corazón del hombre y no se deja engañar por el exterior, y Dios ve las cosas que no son como si fueran, Dios encontró en David un corazón íntegro, en ese sentido debemos descansar en que su poder se perfecciona en nuestra debilidad, en nuestras debilidades, en Dios cuando somos débiles (si dependemos de él) entonces somos fuertes, si ponemos toda nuestra vida a cargo de Dios, él puede darle un sentido que nunca ni siquiera imaginamos, nos puede llevar a niveles de propósito que siempre necesariamente superarán nuestros propios límites, y por lo tanto no es necesario que seas un héroe con poderes o con capacidades extraordinarias, que te veas fuerte, grande y sospechosamente poderoso, es mejor reconocer tu propia condición, debilidades y poner tu vida en manos de un Dios extraordinario y solo contemplar en primera fila la obra del Señor en nuestro tiempo.

Con amor.

L.

El Señor respondió: no mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho, porque El Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero El Señor mira el corazón. (1 Sam. 16.7)

¿Has creído en Dios? Muy bien, sigue creyendo, sigue confiando.

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